El artículo de Mario García publicado en forbes.com inspiró estas líneas. Hay suposiciones que de tanto andar, terminan siendo erróneas. Una de las tantas a los que nos enfrentamos, es que la IA tiene solo una dimensión tecnológica. Error. Tiene una profunda dimensión humana y sobre todo de las áreas del conocimiento que las abarca o al menos así debería ser.
Hasta ahora, salvo cambios de última hora, la curiosidad de un antropólogo, la compresión profunda de las dimensiones humanas de un dramaturgo, el instinto de un periodista por conocer la verdad o la sensibilidad por el lenguaje de un novelista, nada de todo esto ha sido reemplazado. Sí, el instrumento tecnológico ya ha sido creado gracias a algoritmos, el cálculo y el estudio de patrones humanos. Pero la dimensión humana es más amplia y allí choca, de frente y a velocidad supersónica, la propia IA: no entiende las interpretaciones que hay en un diálogo que nacen de la ironía, de la ambigüedad humana, de la duda, de la interrupción en una conversación -dimensión humana si las hay-, del diálogo bifurcado entre visiones a veces contrapuestas y otras complementarias, ni hablar de sentir dolor o alegría.
Lo humano busca a lo humano. Busca esas sensaciones que nos rodean como el cálido aroma del café en la mañana, la alegría de ver a un amigo que hace mucho tiempo que no se ve o a la tristeza de sentir la partida de un ser querido. Después de todo, en la vida humana real, estos detalles, son los que nos han permitido llegar hasta estos días y sin IA.
Leer el artículo de Mario García en inglés en Stop Giving AI To The Engineers: AI Is For Humanists