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10 de enero de 2010    Post #818
Vorágine

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La información cambió su bioritmo tradicional. Las redes sociales conectadas a la telefonía móvil convirtieron al tiempo real en el nuevo cronómetro de nuestras vidas. El desarrollo de las interfases interactivas cambiaron el mapa mediático para siempre.


Este artículo fue publicado en varios sitios de internet en el año 2006. Esta es una reedición del artículo.

Los economistas dicen que se pasan el diez por ciento de su tiempo intentando descifrar las tendencias futuras y el noventa por ciento restante explicando por que éstas no se cumplieron. Hablar de tendencias – en la comunicación y el diseño- a veces, tiene ésta misma complicación. No seria muy seductor pasar el tiempo explicando por qué no se dieron las cosas como uno creía. Otear el futuro tiene esos riesgos. De todos modos el presente nos da algunas pistas que nos permiten abrir el (meta) diálogo, antes que intentar ensayar ideas terminales que la velocidad de los acontecimientos le estampará – implacable – una fecha de vencimiento tal vez muy corta. Y más que escribir de tendencias creo que sería más preciso hacerlo sobre el ahora. Mañana no serían tendencias sino ideas viejas.

Miremos a los lectores. Algunos datos: En octubre del año pasado en Francia los residentes de la ciudad de Caen comenzaron a utilizar sus celulares para pagar el estacionamiento y algunos restaurantes. En Alemania se puede usar el celular como si fuera un boleto de autobús y en marzo de 2006 Motorola lazó su M-Wallet un software interactivo que reemplaza a las tarjetas de crédito con íconos en la pantalla del móvil. Cada día vemos como en la palma de la mano cabe más información. Este primer indicio me provoca una observación: la velocidad del tiempo se acorta y la capacidad de estímulo respuesta para las audiencias es fulminante ¿Podremos dar respuesta a esto desde las páginas impressa de los periódicos? El diario El País de España, con su nueva edición electrónica actualizada en todo momento, capta esta idea de audiencias impacientes, movedizas y con ansias de información ¿Por qué esperar hasta el otro día para informarme? ¿Por qué, sino no tengo ganas y tal vez tiempo, de leerme páginas interminables de secciones que no me interesan, no puedo leer sólo aquello que sí me interesa? No se lo que quiero pero lo quiero ya.

¿Por qué si estoy siempre conectado tengo que leerme ediciones on line (des)actualizadas hace 3, 4 o más horas atrás? La nueva edición electrónica que Clarín.com lanzó unos meses atrás capta muy bien éste nuevo escenario informativo y la necesidad de informarse al continuo. Nos pasamos más horas (de la que deberíamos) frente al monitor de la computadora y de la televisión que frente al espejo (algo que a los argentinos nos vendría muy bien).

Si la información mueve al mundo la quiero al momento. Además lo que importa de un web es que los usuarios regresen (cada tanto) y si este cada tanto es muy frecuente, mejor, y si es con noticias frescas mejor aún! La vida al continuo. La vida de la computadora, al celular, del celular al reproductor del MP3 y de este otra vez a la computadora. La vida en constante sincronización. La oportunidad (abundante) que abre para el diseño editorial esta nueva geografía mediática y para la prensa escrita en particular, es infinita. Al final de cuentas alguien tiene que escribir la información y alguien tiene que seleccionarla y alguien tiene que ordenarla y hacerla apetecible desde la gráfica y alguien tiene que pensar en las audiencias y sus vivencias cotidianas. Claro, hay que remar y mucho. Siempre me aliste en el grupo de los remeros: pura lógica, hay menos competencia. En el otro grupo, los del camino fácil, está colmado de gente. Miremos un minuto el diseño editorial. La tipografía, por ejemplo, tiene una importancia central hoy por hoy.

Con audiencias acostumbradas en general a periódicos bien diseñados (aunque no siempre bien escritos y editados), con buenos marcos tipográficos, con lectores expuestos, a nivel general, ante estilos gráficos depurados y elegantes, es un momento estupendo para diseñar periódicos: los lectores nos obligan a usar buena tipográfica y buen diseño y eso nos exige realizar un esfuerzo mayor. ¿Pero no es éste, acaso el mejor escenario? Por que no a todos nos gusta leer desde una pantalla, no estamos todos siempre conectados y pendientes del último dato y no todos estamos inmersos en los medios electrónicos. Y en este caso el periódico, me da una pausa, me abre una posibilidad de profundizar, de decidir aún en medio de la vorágine del día a día. El periódico me permite descubrir y reafirmar (ambas) pero con inteligencia y valor agregado. Las tendencias están en camino y en cambio constante. ¿Mañana?,mañana puede ser (es) demasiado tarde.

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