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El proceso de creación de valor en el diseño

Diseñar es una forma del futuro próximo de la “proyectualidad de lo invisible”. Las ideas tienen ese nutriente básico y potente que genera valor para una sociedad, comunidad o cliente y que van más allá de lo monetario o de la comercialización.


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Los Supersónicos eran unos dibujitos bastante aburridos. Al menos para mí que, en aquellos años setenta, prefería otros productos de la dupla Hanna-Barbera. Igual debo admitir que Los Supersónicos tenían algo que sorprendía: autos que volaban, teléfonos donde veían a la persona con la que hablaban, robots que limpiaban la casa, relojes inteligentes y un sin fin de avances futuristas en el supuesto 2062 (año en que vivían Los Supersónicos) y que al repetirse en cada capítulo dejaban de ser sorpresa y le daban paso a lo previsible o naturalizaban un futuro lejano en aquellos años casi imposibles de pensar. Hoy el teléfono móvil con cámara para teleconferencias con vídeo, el reloj inteligente y la robotización de muchos trabajos son una realidad pero aún los autos no vuelan (aunque sí se manejan solos). De mi memoria, algo borrosa y vaya uno a saber por qué, me vino el recuerdo de como leían las noticias Los Supersónicos. Lo curioso es que eran “multiplaforma”: leían noticias en pantallas digitales y también en el papel. En medio de la ilusión futurista, el diario Space Gazette era la lectura en el desayuno o en el almuerzo de George Jetson, El Sr. Super Sónico.

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Es un lugar común y muy fácil hoy, luego de varios años vista de los acontecimientos, empezar a trazar analogías o predicciones sobre las ideas que los autores hayan tenido al realizar este dibujo animado en la década del ’60. Más allá de que tal vez, algo de eso hay en Los Supersónicos, lo concreto es que el proceso de creación de diseño es pensar algo amorfo, vaporoso, volatil y que esas primeras imágenes o ideas van tomando forma a medida que se aproximan a lo proyectado tanto en lo funcional como en lo estético. Todo junto sin excluir a ninguna de estas variables. Y esa “proyectualidad invisble” de las ideas es, en realidad, un futuro próximo que no logramos ver mientras se piensa en el presente y que se va aproximando mientras intentamos concretarlo y que, de forma inexorable, termina en una pieza de diseño. El diseño es, en cierto sentido, un proceso alquimístico. Ponga usted el énfasis más en la química o más en la mística según su propio criterio. Juego semántico de lado, diseñar es darle forma a una idea que tal vez ni siquiera quien la está demandando sabe que la quiere/necesita/desea hasta que la ve. Show me don’t tell me dicen los americanos del norte y Hanna-Barbera, sin pensarlo y tal vez ni desearlo, hicieron concreto aquel futurista 2062 que veíamos en la tele y que en algunos casos estamos transitando en el final de este 2016.

El diseño, en tanto proceso creativo, proyectual y simbólico, agrega valor económico gracias a esa “proyectualidad de lo invisible” y no sólo si se piensa tanto o tan sólo en el valor monetario concreto que dará como resultante su comercialización. No se postula aquí la gratuidad del diseño. Todo lo contrario. Por eso el enfoque en el valor. Y pensar en valor es pensar en agregar una relación muy superior al monetario obtenida por la comercialización ya que este último sólo será alto cuanto más alto sea el valor que agrega el diseño a una sociedad, comunidad o cliente y en tanto y en cuanto estos le asignen un valor percibido más alto del monetario. De lo contario, no agregará valor económico y el valor monetario tenderá a cero pero será siempre por que el diseño no agregó valor concreto y tangible a esa sociedad, comunidad o cliente y no se supo (supimos) hacer valorar el proceso de diseño como tal. Las ideas desarolladas por Steve Jobs por ejemplo y concretadas en sus disruptivos desarrollos revolucionarios, ¿cuánto valor agregaron a la sociedad post industrial, digitalizada y nómada y cuánto de ese valor lo da el diseño de esos productos?, ¿cuánto valor agregaron a la sociedad en general y al diseño en particular las vanguardias artísticas de principios de Siglo XX al proponer nuevos y disruptivos caminos en el acelere de los tiempos que impulsó la Revolución Industrial? Si fuera sólo por el ilusorio y tosco enfoque del valor monetario, aún estaríamos en la Edad Media intentando acceder a algún tipo de conocimiento que nos saque del analfabetismo y el atraso. Por suerte, gracias a todos los agregadores de valor, llegaremos al 2062 y tal vez, quién sabe, se supere a Los Supersónicos. Después de todo cada vez más la realidad es parte de la virtualidad y no al revés.

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Author: Rodrigo Fino

Consultor y socio fundador de GM Latinoamérica desde el año 2000. Desarrolló junto al equipo de GML más de 120 proyectos desde Buenos Aires y para diversos medios de comunicación del mundo entre algunos de ellos:

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